Opinión

El reto de los mercados municipales

Los hábitos de abasto alimenticio de los dominicanos han cambiado drásticamente en las últimas décadas. Los mercados municipales, otrora primera fuente de suministro de alimentos, no solo se han quedado petrificados en el tiempo, sino que sus infraestructuras y servicios no han podido adaptarse a los requerimientos actuales de los consumidores.

Los últimos meses hemos visto con mucha ilusión el esfuerzo que hace el gobierno dominicano en invertir cientos de millones de pesos en el rescate de estos mercados, como atestiguan los casos del mercado de La Vega, para el cual el presidente Abinader anunció 120 millones de pesos, el de Puerto Plata con una inversión de 48 millones, el de Cotuí con 60 millones y el de San Francisco de Macorís, para el que se dispuso de la suma de 60 millones de pesos también.

Es evidente que la ausencia de servicios básicos, baños, el entorno de higiene en general, la falta de carritos de compra y un piso que permita su utilización, áreas de expendio de alimentos cocidos en condiciones (cafeterías, comedores) han contribuido a que los consumidores opten por suplirse en los supermercados, hipermercados, mini markets y otros y que estos últimos se conviertan en la opción más confiable de los consumidores. También es evidente la carencia de sistemas de cuartos fríos colectivos para almacenar productos, sobre todo aquellos que no requieren temperaturas bajo cero como las hortalizas.

En pocas palabras, todos, o casi todos los mercados municipales del país operan con las condiciones mínimas en todos los sentidos y para su desgracia gozan de una media de edad sumamente alta. Esto ha alejado, definitivamente, al consumidor de estas plazas. A diferencia de los supermercados, los mercados municipales concentran su oferta en la venta de la producción local, impulsando la economía agrícola nacional y la prosperidad del campesinado. Es urgente una nueva visión municipal que haga un enfoque diferente a estos mercados, que promueva la creación de nuevas normas que se implementen a través de los ayuntamientos para que se garantice la frescura, la calidad y la inocuidad de los alimentos para que estos mercados vuelvan a ser atractivos para el público, así como la indispensable desarrabalización de los espacios y la creación de un entorno de seguridad ciudadana adecuado.

Es más que urgente que estas iniciativas terminen por consolidarse como un plan nacional de transformación y que estas infraestructuras vuelvan a darle vida a estos mercados, que además de ser centros de negocios del agro, son promotores de los productos tradicionales y un pilar de la cultura dominicana más allá de la gastronomía.

Esta política de estado dirigida a rescatar estos mercados podría crear las condiciones para que los pequeños y medianos productores, así como las asociaciones dispongan de mejores espacios donde despachar rápida y directamente sus productos, acortando la cadena de intermediarios en la distribución de alimentos, promoviendo el consumo de lo que produce nuestra tierra y bajando considerablemente los precios de los alimentos que consumen nuestra población.

FUENTE: http://lavegainforma.com

Editorial

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