Inicio Opinion Perdiendo solo se pierde

Perdiendo solo se pierde

26
0

En política existe una frase popular muy repetida: “perdiendo se gana”. Durante años se ha utilizado para justificar derrotas electorales bajo el argumento de que una candidatura fallida puede servir para posicionar un liderazgo, crear estructura o acumular capital político de cara al futuro. Sin embargo, la realidad política demuestra que esa expresión no siempre es cierta. En muchos casos, perdiendo simplemente se pierde.

La historia política enseña que los liderazgos se fortalecen cuando saben medir los tiempos, respetar las reglas y construir sobre bases sólidas. Cuando ocurre lo contrario, el resultado puede ser desgaste prematuro, fracturas internas y pérdida de credibilidad.

En el escenario político actual del Partido Revolucionario Moderno (PRM), algunas figuras han iniciado de manera abierta procesos de promoción presidencial a destiempo, desarrollando actividades masivas y movimientos nacionales que han generado cuestionamientos dentro y fuera de la organización.

El caso más visible es el de Carolina Mejía, quien ha desarrollado actividades de convocatoria nacional que, para muchos sectores, tienen características propias de una estructura preelectoral en movimiento. La discusión no se limita al derecho legítimo de aspirar —que cualquier dirigente puede tener—, sino a la forma, el momento y las responsabilidades institucionales que acompañan esa aspiración.

El gobierno del presidente Luis Abinader ha impulsado una narrativa pública basada en eficiencia, racionalización del gasto y políticas de ahorro desde el Estado. Bajo esa realidad, cualquier acción que pueda interpretarse como despliegue político prematuro genera un choque inevitable con el discurso oficial de austeridad.

Más aún cuando se trata de una dirigente que ocupa posiciones de alta responsabilidad. Carolina Mejía no solo es alcaldesa del Distrito Nacional; también ejerce funciones relevantes dentro de la estructura partidaria como secretaria general del PRM. Y precisamente ahí surge otra discusión: la posible incompatibilidad política y estatutaria entre dirigir procesos internos partidarios y, simultáneamente, competir por una candidatura presidencial.

La política exige equilibrio entre aspiraciones personales y responsabilidades institucionales. Cuando una figura es electa para administrar una ciudad, los ciudadanos esperan una dedicación concentrada en resolver problemas, ejecutar obras y gobernar. Una campaña nacional permanente puede provocar la percepción de que las prioridades empiezan a desplazarse.

La pregunta de fondo no es si Carolina debe o no aspirar. La democracia se fortalece con competencia y participación. La verdadera pregunta es si abrir procesos antes de tiempo beneficia al partido, al gobierno y al país.

Porque en política los liderazgos no solo se miden por la capacidad de movilizar seguidores; también se miden por la prudencia para entender el momento histórico. Y cuando se confunde posicionamiento con precipitación, la experiencia enseña una lección dura: perdiendo, muchas veces, solo se pierde.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí