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Cuando un candidato le huye al debate

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AUTOR GLENN DAVIS FELIPE CASTRO

La decisión del proyecto presidencial de Gonzalo Castillo de no participar en el debate que organiza el Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD) va más allá de una simple estrategia de campaña. Es una decisión que limita el derecho de los ciudadanos a conocer, comparar y evaluar las propuestas de quienes aspiran a dirigir el Estado. En una democracia moderna, el debate no es un favor que el candidato le hace al electorado; es una responsabilidad inherente a quien solicita la confianza de millones de dominicanos.

Resulta todavía más llamativo porque República Dominicana ha comenzado a construir una cultura del debate político. En las elecciones de 2024 vimos a un presidente en ejercicio, Luis Abinader, compartir escenario con Leonel Fernández, Abel Martínez y otros candidatos para defender sus ideas frente al país. Ese ejercicio democrático marcó un antes y un después. El ciudadano de hoy ya no vota únicamente por una fotografía, el eslogan o las caravanas; quiere escuchar propuestas, contrastar visiones y medir la capacidad de liderazgo de quienes aspiran a gobernarlo.

Por eso me sorprende que la explicación ofrecida por su equipo en voz de Andrés Navarro, sea que los debates no forman parte de su planificación. y yo pregunto: ¿cómo pretende un aspirante convencer al país de que está preparado para gobernar si decide ausentarse precisamente del escenario donde puede demostrarlo? Nadie espera que un candidato lo sepa todo, pero sí que tenga la capacidad de defender sus ideas, responder preguntas y explicar el rumbo que pretende darle a la nación.

Los debates son el espacio donde se confrontan diagnósticos, soluciones y modelos de país. Gobernar exige tomar decisiones bajo presión, responder cuestionamientos y comunicar con transparencia. Si un candidato no está dispuesto a hacerlo durante una campaña electoral, es natural que la ciudadanía se pregunte cómo lo hará desde el Palacio Nacional.

También llama la atención la posición asumida por dirigentes que históricamente defendieron el debate como herramienta democrática. Charlie Mariotti fue uno de los dirigentes que más insistió en que los aspirantes del PLD debatieran sus ideas «a calzón quitao» de cara a la militancia y al país. Su defensa de ese ejercicio era correcta entonces y sigue siendo correcta hoy. Por eso resulta difícil comprender que ahora respalde una decisión que va en la dirección contraria.

Ningún candidato debería temerle al debate. Si tiene un proyecto serio, un equipo sólido y una visión definida del Estado, ese escenario representa una oportunidad para fortalecer su liderazgo, no una amenaza. Y si entiende que aún necesita prepararse, la respuesta no puede ser ausentarse, sino prepararse mejor.

Nadie le está pidiendo a Gonzalo Castillo que gane un concurso de oratoria ni que convenza a sus adversarios. Lo que el país espera es que explique, de su propia voz, cuál es su visión de Estado y cómo pretende resolver los problemas de la República Dominicana.

La democracia no se fortalece cuando los candidatos hablan únicamente en escenarios controlados o mediante mensajes preparados por sus equipos para las redes sociales. Se fortalece cuando aceptan el escrutinio público, responden preguntas difíciles y defienden sus ideas frente a quienes piensan distinto.

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