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‪El niño al que contagiaron de VIH a los 8 años y creció sin poder contárselo a nadie‬

‪Los años previos a la universidad se los pasó «haciendo el tonto, divirtiéndose con los amigos».‬ ‪A pesar del pronóstico de dos años de vida, y sin contar con su hemofilia, Matt gozaba de buena salud.‬

‪En 1990, justo después de cumplir los 16, un doctor le hizo una valoración psiquiátrica.‬ ‪»Intenta no pensar en el futuro y, cuando lo hace, se siente mal e intenta distraerse», escribió en el informe.‬ ‪También describían que Matt tenía»un mecanismo de defensa psicológica fuerte», pero que «se podía traspasar fácilmente y, cuando eso ocurría, claramente se angustiaba».‬ ‪Según el psiquiatra, en los años siguientes era probable que «Matt sufriera grandes dificultades emocionales», tanto si finalmente desarrollaba la enfermedad del sida como si no.‬

‪»Será difícil para él establecer relaciones satisfactorias con el sexo opuesto dado el verdadero peligro de transmisión de la infección», añadió.‬ ‪»Ya está preocupado por esto y angustiado por el hecho de que no podrá tener niños».‬ ‪Refugio en las drogas‬ ‪Fue aproximadamente en esta época cuando Matt empezó a fumar cannabis. Después, consumió otras drogas sintéticas como speed y éxtasis.‬ ‪Eran los inicios de los 90 y Matt se volcó de lleno en la escena rave de fiestas y consumo de drogas hasta el amanecer.‬

‪Cuando finalmente sus padres lo descubrieron, él les dijo: «Y ¿por qué no? Igual no me queda mucho tiempo de vida. Quiero intentar disfrutar de la experiencia todo lo posible antes de morir».‬ ‪No era fácil desmontar ese argumento.‬ ‪Una noche, cuando tenía 17 o 18 años y después de una noche de copas por la ciudad, volvió caminando a casa con un amigo y algo le animó a contarle que tenía VIH a alguien ajeno a su entorno familiar inmediato por primera vez.‬ ‪Su amigo se quedó conmocionado, pero fue muy comprensivo.‬ ‪Matt se sintió muy aliviado. Durante los siguientes tres o cuatro años empezó a contárselo individualmente a sus amigos más cercanos. Con el tiempo, hablar de eso se le hizo más fácil y nunca encontró una reacción negativa de ninguno de ellos.‬

‪Cumplidos los 20 años, Matt vio cómo muchos de sus amigos se fueron a estudiar a la universidad de Birmingham, así que se fue a vivir allí también solo para seguir saliendo de fiesta.‬ ‪Entonces tuvo la sensación de que empezaba a quedarse atrás. Sus amigos iban avanzando con sus vidas, licenciándose, formando parejas… pero él no.‬ ‪No hubo un momento concreto en el que tuvo una revelación, pero poco a poco empezó a pensar: «Tengo esto desde que tenía 8 años y siempre me dijeron que me quedaban dos años de vida».‬ ‪»¿Y qué pasa si no son dos años? ¿Y si es más tiempo?».‬ ‪Nunca se le había ocurrido que quizás pudiera alcanzar los 50 o 60 años. Entonces se dio cuenta de que tenía que hacer algo en caso de que acabara viviendo diez años más.‬ ‪Salir del agujero‬ ‪Así que se matriculó en un curso de la Universidad de Birmingham y, por primera vez desde su diagnóstico de VIH, se esforzó en sus estudios y obtuvo buenas notas.‬

‪»Creo que me fui de viaje para alejarme de mi mismo», dice.‬ ‪»Quería gente nueva que no me conociera. Podía ser alguien diferente. Podía olvidar, esencialmente, todo lo que me había pasado en los últimos años y la carga emocional que llevaba».‬ ‪Contarle a la gente que tenía VIH la pareció más fácil allí. Solo los conocería durante un breve período de tiempo.‬ ‪Por primera vez, empezó a contemplar la idea de tener una relación amorosa. Sus padres le habían metido siempre en la cabeza la idea de avisar a potenciales parejas sobre su salud y de darles la opción de cortar la relación.‬ ‪Pero eso era mucho más aterrador que contárselo a los amigos cercanos.‬ ‪Conoció a algunas chicas, pero las relaciones no pasaron de pequeños amoríos de verano.‬ ‪2000: regreso a casa‬ ‪Matt regresó a Inglaterra poco antes de las navidades de 2000. Y en esa época empezó a pensar que quizá acabaría viviendo durante mucho tiempo.‬ ‪»Creo que viajar me ayudó mucho», admite. Entre otras cosas, a liberarse de prejuicios sobre el VIH.‬

‪Y con la llegada de los tratamientos antirretrovirales, la gente dejó de considerar el VIH como una sentencia de muerte automática. Eso le ayudó.‬

‪En 2003, durante un viaje para una despedida de soltero, Matt conoció a una chica con la que intercambió números de teléfono.‬ ‪Pronto empezaron a salir. Ya al principio de la relación, Matt mencionó que tenía VIH y se preparó para ser rechazado. Pero aquello «no la desconcertó».‬ ‪Para 2008 estaban casados. «No le importó lo más mínimo».‬ ‪Una vida nueva‬ ‪Si encontrar pareja había estado fuera de lo imaginable para él, tener hijos le había parecido totalmente impensable.‬ ‪»Creía que era físicamente, médicamente imposible», dice.‬ ‪Pero uno de sus amigos de la infancia, que también era hemofílico, le contó que había sido padre gracias a una técnica llamada lavado de semen, una forma de reproducción asistida.‬ ‪Matt se interesó por esa técnica pero se llevó una gran sorpresa cuando un experto le dijo que, dado que su carga viral era prácticamente indetectable, sería seguro que tuvieran un bebé de manera natural.‬

‪»Yo no me podía creer lo que me estaban diciendo», dice. «Pensé: ‘¿sabes por lo que he pasado los últimos 15 o 20 años?'».‬ ‪»Pero temiendo la mínima posiblidad de que pudiera transmitirle el virus a mi hijo, después de mi propia experiencia, no quise arriesgarme», recuerda.‬ ‪»Así que hicimos tres ciclos con esa técnica de lavado de semen y tuvimos un niño. Después, volvimos a repetirla para el segundo».‬ ‪Ser padre le cambió la vida a Matt.‬ ‪Ahora, ver que sus hijos se aproximan a la edad a la que a él le dijeron que estaba enfermo, le hace pensar en la magnitud de lo que le pasó.‬ ‪»Es el único momento en que me emociono», dice. «Me enfurece. Es como una ira desplazada. Como si se lo hicieran a mis hijos, no a mi».‬

‪Una lotería‬

‪¿Cómo reaccionaría si le dijeran hoy que a sus hijos les quedan dos años de vida? «Dios, no sé lo que haría, solo Dios sabe cómo se sintieron mis padres», afirma.‬ ‪Después de décadas de presión por parte de activistas, el gobierno británico está a punto de abrir una investigación pública sobre el escándalo de la sangre contaminada.‬ ‪No deja de sorprenderse cuando mira a su propia historia. De los 1250 pacientes que se estima fueron infectados con hepatitis C y VIH por aquel escándalo, menos de 250 siguen vivos, según la organización Tainted Blood.‬

‪»En términos de resultados de muertes, es realmente como si me hubiera tocado la lotería», dice.‬ ‪Matt cree que, a pesar del gran número de víctimas, el escándalo no ha acaparado mucha atención por el legado del estigma en torno al VIH y el sida. Y por eso, quiere contar su historia.‬ ‪»Estoy contento con mi vida en este momento: tengo una familia genial, con una esposa y dos niños maravillosos.‬ ‪»Tengo todos los motivos para sentirme agradecido. Pero no debería tener que sentirme agradecido por eso», concluye.‬

FUENTE: https://redaccionrd.com

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