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Varios planes separatistas y uno de plena soberanía

A la par de Duarte, hicieron aparición los conservadores, hasta entonces colaboradores del dominio haitiano.

Liderados inicialmente por Manuel Joaquín Delmonte, proponían que la ruptura con Haití condujese al retorno de un dominio colonial o un estatus equivalente de protectorado.

Como desde 1825 Francia tenía una influencia dominante en la isla, tras las cláusulas vinculadas al otorgamiento de la independencia de Haití por el rey Charles X, esos letrados prestigiosos que encabezaban la tendencia conservadora, exploraron un estatus de subordinación con esa potencia.

Tal cálculo se plasmó en lo que luego se conoció como Plan Levasseur, así denominado por el nombre del cónsul de Francia en la capital haitiana, quien llegó a acuerdos con las mayorías de los diputados dominicanos en la asamblea constituyente en Port-au-Prince, encabezados por Buenaventura Báez.

Conforme a ese instrumento secreto, el nuevo Estado se iba a constituir como protectorado de Francia, con un gobernador renovable cada ocho años y otras concesiones, como la colaboración con la reconquista de Haití. Más adelante se agregaría la cláusula de cesión plena de la península de Samaná.

Aunque no descartó la alianza con los conservadores, dada su influencia social, Duarte la subordinó a una cuestión de principios en torno al estatuto de la independencia absoluta. Tal intransigencia descartó en aquel momento que se estableciese una alianza.

Hubo que concertar Sin embargo, ni los afrancesados ni los trinitarios por separado tenían los medios para, por sí solos, producir la ruptura con Haití. El plan de Duarte de encabezar una expedición desde Venezuela, junto a sus compañeros Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandrino Pina, fracasó a causa de la indiferencia del presidente de ese país, Carlos Soublette.

Los diputados afrancesados, por su parte, faltos del necesario sustento material, pospusieron sus planes.

Matías Ramón Mella, uno de los discípulos más activos de Duarte y recién liberado de prisión, tomó la iniciativa de propugnar por una alianza con el núcleo conservador encabezado por Tomás Bobadilla.

Al inicio Sánchez se opuso, confiado en que por sí solos los trinitarios lograrían derrocar a los haitianos.

Cuando se puso de manifiesto que no llegaría la esperada expedición desde Venezuela, Sánchez apoyó el criterio de Mella, con lo que se llegó a un acuerdo plasmado en el Manifiesto del 16 de enero de 1844.

El documento, probablemente redactado por Sánchez, aunque conjuntamente con Bobadilla, plasmaba el compromiso de ambas tendencias. Sin embargo, llamaba a la creación de un Estado plenamente soberano, que era el propósito de los patriotas duartistas.

Aunque en alianza con los conservadores, los antiguos trinitarios, encabezados por Sánchez, fueron los responsables de lo que ocurrió la noche del 27 de febrero.

Así lo atestigua la composición del comité revolucionario y la designación de Sánchez como el presidente del primer organismo ejecutivo de la República Dominicana, la Junta Central Gubernativa.

En los meses siguientes la disputa entre patriotismo y anexionismo dio por resultado que se rompiera la alianza y que el país se viera al borde de la guerra civil.

El bando patriótico tenía su base social en la juventud urbana de clase media, en los sectores populares encuadrados en la tropa de la guarnición de la ciudad capital y en los medios mercantiles de la región del Cibao.

Empero, en aras de la unidad nacional, para evitar la guerra civil, los trinitarios aceptaron el triunfo de Santana, el adalid militar del conservadurismo.

En medio de la disputa, desde su posición de delegado en el Cibao, Mella tuvo el gesto inmenso de proclamar a Duarte como presidente de la República. La disputa quedaba polarizada entre Duarte y Santana, personificaciones de concepciones diametralmente opuestas en todos los órdenes.

La hegemonía del segundo, plasmada en un orden autocrático, contribuyó a complicar la marcha de los acontecimientos, y así pudo producirse la anexión a España. Un padre, dos padres…

Cuando García desenterró esos procesos, se entró en un debate en torno a personalidades. De los relatos del padre de la historia dominicana quedó patente que Duarte era el mentor y fundador, el padre de la patria.

Además de García, Emiliano Tejera y Federico Henríquez y Carvajal realizaron ingentes investigaciones tendentes a rescatar la acción de Duarte. Empero, surgió la reivindicación de la figura de Sánchez, tanto por motivos familiares como por la continuación de la estima de su protagonismo.

La disputa se tornó ríspida en torno al proyecto de erección de una estatua a Duarte, lo que solo vino a hacerse realidad muchas décadas después, en 1930. Mariano Cestero, un acucioso investigador de orientación democrática, adelantó la fórmula de Duarte y Sánchez como padres de la patria.

Tres padres de la patria La propuesta de Cestero expresaba su oposición a la reivindicación de Santana, enaltecido por neoconservadores que tuvieron su máxima expresión en Manuel de Jesús Galván. En particular dirigió sus cuestionamientos a Rafael Abreu Licairac, quien en un libro había planteado la tesis de que la creación del Estado dominicano en realidad había sido obra de los letrados y grandes propietarios, los únicos capaces de una empresa de esa categoría.

Fue en medio de ese panorama controversial que Heureaux dictó su ukase de los tres padres de la patria. Descartaba naturalmente a Santana, por su pasado anexionista, ya que quería presentarse como continuador de la reivindicación nacional.

En su decisión pudo haber obrado la conveniencia de satisfacer a la corriente “sanchista”, encabezada por Juan Francisco Sánchez (Papí), hijo del prócer y colaborador de cualquier combinación de poder desde entonces.

La inclusión de Mella pudo operar como factor de equilibrio entre Duarte y Sánchez. En cualquier caso, es defendible que a Heureaux no podía interesarle que se enalteciera el radicalismo intransigente de Duarte, quien no cometió los errores en que sí incurrieron Sánchez y Mella cuando decidieron involucrarse en las lides dentro del reinado conservador.

A pesar de su inconsistencia, esta decisión de Heureaux pudo mantenerse indefinidamente como doctrina de Estado, producto del desconocimiento de los políticos y de la reserva que genera Duarte de manera natural. Bajo el largo dominio de Trujillo se llegó al extremo de enaltecer a Santana como forma de disminuir la estatura de Duarte.

Emilio Rodríguez Demorizi culminó en cierta manera esa búsqueda cuando propuso la absurda fórmula de Duarte y Santana para sustituir a la trilogía de padres de la patria.

Sin importar lo que hayan convenido los políticos en el poder a partir de Heureaux, y sin desmeritar la grandeza de Sánchez, Mella y otros trinitarios, lo cierto es que el rastreo por la historia confirma lo expuesto por José Gabriel García de que Duarte es el padre de la patria.

El manifiesto

16 De enero de 1844. El documento dado a conocer en esta fecha recoge el acuerdo con los conservadores.

*Por ROBERTO CASSÁ Historiador

FUENTE: https://eldia.com.do

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