Opinión

El cementerio histórico de Baní: sin dolientes

A mis lectores, podría causarles extrañeza que inserte en estos días de  transición política, un tema aparentemente sin importancia actual pero de gran interés para los banilejos.

Debo enfocarme en un asunto municipal y sentimental, por la nostalgia que pudiera generarse,por el abandono y descuido en que cientos de tumbas están deterioradas y sin identificación visible en el antiguo cementerio municipal de Bani en servicio desde 1895 hasta la década del 60 del siglo pasado.

La mayoría de las tumbas han perdido su identificación por el deterioro, las malezas y basura que las cubren, aparte que se han convertido en lugar para los desamparados hacer sus necesidades y pernoctar como refugio amparados en la soledad del lugar.

El cementerio no tiene dolientes. A principios de este siglo XXI se le hizo una limpieza y se pintaron sus muros y las cruces de las tumbas. Esa atención se abandonó para convertirse en un lugar de la vergüenza comunitaria, pese a que es el reposo final de connotados banilejos ilustres muy destacados en su comunidad y en el país. Y además muchos todavía perviven en el recuerdo de sus familiares.

Reposan los restos de connotados banilejos, destacados por sus contribuciones civilistas e intelectuales a la vida de Bani y del país.

Originalmente el primer cementerio banilejo estuvo ubicado en el sector limitado por la calle Santomé al este y la calle Sánchez al norte, casi en el centro del pueblo, y se extendía hacia el suroeste buscando la llanura al oeste del pueblo.

Ahí se le ofrecía el reposo a los ciudadanos banilejos descendientes de canarios, que morían en particular durante la anexión a España. En esa época se veía a la adolescente Canela Mota marchando sola por las pocas calles del pueblo enarbolando la bandera dominicana para que los banilejos protestaran por ese hecho, mientras otro joven, Máximo Gómez, era escribiente de las fuerzas de ocupación que veía a esa joven en sus afanes de defensa de la Patria.

Para fines del siglo XIX, durante la dictadura de Lilís, los banilejos decidieron construir un nuevo cementerio, sacándolo de los límites del centro del pueblo ya que impedía el crecimiento de la ciudad hacia el oeste y estaba en la ruta para viajar hacia Azua.

Para 1890 se iniciaron las diligencias para construir el nuevo cementerio el cual entró en servicio en 1895. Estuvo recibiendo los despojos mortales de banilejos de todo nivel hasta inicios de 1960.

Las autoridades municipales, con el apoyo de la comunidad, deberían darle inicio a una labor de rescate mediante una acción de limpieza profunda, removiendo las malezas y árboles que son un estorbo por crecer por dentro de las mismas tumbas.

Así de inicio se despeja el panorama para ver que hay y poder hacer el censo de las sepulturas. Se buscaría la ayuda de arquitectos como el conocido Ismael Diaz Melo, un banilejo muy capaz que le duele las historia y tradiciones de su pueblo y junto con otros profesionales y expertos tales como Manuel Vetilio Valera y Dagoberto Tejeda llevar a cabo la tarea de identificación de las tumbas, determinando su importancia para lograr un panorama muy completo y ajustado a la realidad de manera ubicar las tumbas con los nombres de los fallecidos hasta donde sea posible.

Se ubicarían familiares que pudieran acordarse en donde estaban ubicadas las tumbas de sus occisos para cooperar a un rescate completo.

Los profesionales ya mencionados de seguro que cooperarían con su experiencia, conocimientos y su acendrado banilejismo para llevar a cabo esa tarea de rescate. Sería algo similar a lo llevado a cabo con el cementerio capitaleño de la avenida Independencia que ya permite desde hace varios años recorrer sus pasillos observando las tumbas de los ilustres nombres que fueron un hito de referencia en la vida dominicana de antaño.

En la primera administración municipal del recordado Chacho Landestoy se llevó a cabo una labor de rescate pero transcurridos más de 15 años de esa acción las malezas, la basura y desperdicios humanos cubren el lugar.

Es tiempo de devolverle a la comunidad una reliquia imborrable que ahora nadie quiere saber. Rescatado se convertiría hasta en un lugar de peregrinaje de los visitantes que quisieran conocer donde están sepultados los banilejos ilustres que fueron ejemplo de entrega comunitaria.

Las autoridades municipales, en funciones desde abril pasado, tiene un compromiso con su pueblo y para todos sería motivo de orgullo y reconocimiento para ellos que se aboquen a rescatar un patrimonio que, quizás para muchos, ya no tiene ningún significado pero hay otros miles que verían como una honra que se rescate ese lugar de descanso de nuestros seres queridos.

JPM

FUENTE: https://almomento.net

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