Opinión

El magnicidio a Trujillo pudo haber ocurrido un 16 de enero de 1959

Cosas del destino.

Para el 16 de enero de 1959 se programó con gran vistosidad la inauguración de las instalaciones en el puerto de Haina para el embarque de azúcar dominicano hacia destinos internacionales; y para los fines de lugar se habían cursado las invitaciones correspondientes.

El acto estaba programado para las 10 de la mañana.  El puerto lucía engalanado con muchas banderas dominicanas, y también con las del generalísimo Trujillo, las cuales tenían 5 estrellas con una banda azul, pues él había confirmado su asistencia al acto.

En la actividad se encontraban los más altos funcionarios de la nación, así como los militares de más alto rango de las fuerzas armadas encabezados por el Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, teniente general René Román Fernández (Pupo) y todo el Estado Mayor General.

Dentro del público que esperaba con ansiedad la llegada del Jefe y máximo conductor de los destinos nacionales, había un personaje que más adelante participó en la muerte de Trujillo el 30 de mayo del 1961, y a quien el protocolo no había invitado, a pesar de ser alto funcionario de una empresa propiedad del señor Francisco Martínez Alba (don Paco), cuñado de Trujillo.

Se trataba de Pedro Livio Cedeño Herrera, ex capitán del ejército dominicano, que, en ese tiempo, era administrador de la Fábrica Dominicana Baterías, C x A, la cual manufacturaba las baterías Hércules.

Haber llegado allí, sin ser invitado, presagiaba intenciones magnicidas. Según investigaciones realizadas, el ex

capitán Pedro Livio Cedeño, en diferentes ocasiones en encuentros con amigos de su confianza, había manifestado que a Trujillo había que asesinarlo, como única forma de salvar el país.

Entre esos amigos cabe citar al señor Hans Paul Wiesse Delgado, quien era anfitrión de uno de esos encuentros  6 meses antes de la mencionada inauguración en los muelles de Haina.

La puntualidad del generalísimo Trujillo para asistir a los eventos oficiales nunca estuvo en dudas. Cuando él invitaba para un acto programado para cierta hora, siempre estaba en el lugar de la cita con una exactitud extraordinaria. No concebía la idea de llegar tarde y siempre decía: «Más vale nunca que tarde».

Aquel día 16 de enero, sin embargo, se acercaba la hora y el Jefe no  llegaba al acto. Todos estaban a la expectativa!  A las 10 en punto de la mañana, se recibió una llamada de Trujillo para decir que no iba a asistir al evento y que iba a nombrar y enviar a alguien para que lo representara.

Nunca se supo cuáles fueron los motivos que le impidieron al Generalísimo estar presente en el acto, especialmente cuando había confirmado su asistencia:  premonición, sospechas o advertencias?.

Sabrá Dios qué sexto sentido se activó en ese momento, en un ser tan enigmático como lo era el Trujillo. Todo lo relativo al magnicidio pudo haber sucedido el 16 de enero de 1959 y no el 30 de mayo de 1961.

No dudamos que Dios tiene el control de la vida y la muerte. Y que solamente él fija el día y la  hora de nuestra partida terrenal.

Así que en 1961, específicamente el 31 de mayo,  se abrieron las compuertas y Pedro Livio Cedeño pudo lograr su sueño de liquidar a Trujillo, cuando le dio muerte junto  otros héroes nacionales en la hoy autopista 30 de mayo.
JPM

FUENTE: https://almomento.net

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