Opinión

Mi padre y mi hijo

El pasado domingo 26 del presente mes de julio se ha celebrado el  Día de los Padres. Esta celebración se enmarca dentro de condiciones muy especiales que todos conocemos, pues estamos inmersos en un contexto que, de fiestas como en otros años, dista mucho.

En la limpieza de mi oficina, botando cosas y papeles que se van acumulando y que uno dice mañana los reviso, pero ahora con la disponibilidad de tiempo, encontré dos poemas dentro de dos libros ya amarillentos, esos que uno leyó hace tiempo y que con nostalgia se vuelve a tropezar con ellos.

En uno encontré un poema de mi padre cuando cumplió sus ochenta años y en otro unos pensamientos de mi hijo Omar cuando tenía ocho años. Mi padre murió lúcido a sus 93 años y mi heredero ya es todo un banquero con prole, que el domingo celebró su primer día del padre amoroso que es.

Con la venia de mis amables lectores y con motivo de la celebración del Día del Padre, pido me permitan compartir con ustedes estas estrofas, de un abuelo y un nieto.

Inicio con el «Hombre de Ayer», de la autoría de José Silié Gatón:

«¡Oh! Cuánto pesan los años cuando asoman los ochenta, se va perdiendo energía y la vista nos engaña. La agilidad va cediendo, obligando al paso lento. Por aquello de la reuma que obliga a pausar la vida. Se obnubilan las ideas, desdibujando razones. Por la confusión que causa, la pérdida de memoria. Es un caso sinceramente, porque, se desea la vida, aunque parezca mentira, por ser regalo divino. 

El rendimiento de antes queda reducido a poco, por esa lucha interior, de querer sin que se pueda. La mente manda una cosa y la voluntad se opone y cuando la razón asoma, la vejez sale en su contra. Felizmente Dios lo quiso, se acumulará experiencia, que cuando logra expresarse, hasta se ilumina el mundo por ser la elaboración del tiempo, hasta inteligencia forma, para servir en consejos, dando luces a su paso.
Fue una gracia divina la de envejecer con juicio, para servirle de algo a la juventud que sube, por eso el joven astuto, que busca las realidades, siempre acude al anciano, para completar su numen. Y es virtud de los pensantes, apoyarse en la experiencia, de los años ya vividos y lo viejo que ha pasado, como un recuerdo valioso para completar la vida, porque la existencia de hoy, es complemento del ayer. Para acumular sapiencia vamos a libros y archivos, que por viejos que estos sean, hermosean la existencia. La moraleja, en el fondo, es que aunque vaya pasando la existencia de los viejos, la juventud la requiere». 

Este segundo poema, lo escribió mi hijo Omar en sus ocho años, como un regalo del día de los padres, se titula: «Así nació mi padre”.

“Largas horas de trabajo le esperaban a mi padre, pero mucho cariño y amor siempre nos dio mi padre. Es un poco despistado, pero así nació mi padre, él da todo por nosotros, porque así nació mi padre. Previsor de muchas cosas, porque así nació mi padre, siempre líder en su grupo porque así nació mi padre. Compra en abundancia, siempre con algo nuevo, porque así nació mi padre. Siempre teniendo visitas y ayudando siempre a todas las personas, porque así nació mi padre». 

No puedo negar una cierta nostalgia por el Día de los Padres del 2929. Espero que todos los padres e hijos del terruño hayan disfrutado un día muy agradable y feliz dentro de nuestra realidad, para que haya satisfacción en nuestros corazones y que no asome el desaliento.

Sabemos que al igual que la sabiduría o la inteligencia, la felicidad no se deja definir con facilidad. Para mí ella tiene cinco «íes»: inmediata, innegociable, intransferible, íntima e indefinible.

joseasilieruiz@hotmail.com

JPM

FUENTE: https://almomento.net

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