Opinión

El rey Pelé: Un genio del balón 

Antes de empezar el juego

En español “fútbol o futbol, es la traducción del inglés “football”, donde “foot” es pie y “ball” bola, balón. Sin embargo, a lo que llamamos futbol o balompié, en Estados Unidos dicen “soccer”, porque su football es el “rugby”, que se practica con casco y agarrando con las manos el balón alagado.

El futbol es un deporte entre dos equipos de once jugadores cada uno, el objetivo al moverse en el  estadio, es  entrar el balón en la portería contraria, al darle con los pies o la cabeza, y que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos, salvo por los porteros en sus respectivos espacios. Gana el partido el que más veces logre cruzar el balón por la línea entre los postes verticales al extremo de la cancha, a dichas anotaciones se les denomina “goles”. El partido tiene un período de dos tiempos de 45 minutos, entre ambos hay un descanso de 15 minutos.

La creación de este popular juego, se atribuye a Inglaterra, país que en el año de 1863 reglamentó esta disciplina, hoy practicada a nivel mundial, en 211 países y territorios afiliados a la Federación Internacional de Futbol Asociada (FIFA).

Brasil, año de 1940

En la cuarta década del siglo XX, Brasil era para los países en desarrollo, no solo el potencial desafío de Sudamérica, sino del hemisferio sur. La nación de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados, se abría al mundo a pasos vertiginosos como las aguas del gigante río Amazonas. Brasil se exhibía a los ojos de los continentes, en sus avances industriales y con los coloridos de su carnaval y sus ritmos exóticos. Sin olvidar que en el ámbito local, el futbol, deporte rey en este singular país, sembraba de alegría su población, mientras en lo internacional, sus equipos eran colosos invencibles.

Es en esta nación donde nace un 23 de octubre de 1940, Edson Arantes do Nascimento, luego apodado como Pelé. Su comunidad cuna es Tres Corazones, municipio ubicado al sur de Minas Generales,  uno de las 26 divisiones estatales de Brasil, país que en esa época era gobernado por Getúlio Dornelles Vargas, quien ejercía de manera “democrática”, su tercer período –de cuatro seguidos-(1937-1945).

La señora que dio las primeras nalgadas al recién nacido, contó años después, lo sucedido ese 23 de octubre de 1940. “-Mira Celeste, ha llegado un rey. Y este rey será futbolista. -Celeste con la debilidad propia del parto, pero con ímpetu en las palabras le replicó: ¡No, futbolista no…! Mi marido, Dondinho…ya es futbolista y no está bien pagado…yo quiero que sea médico o profesor…no deseo que sea futbolista”.

Esta criatura pareció al correr con prisa el carruaje de la vida,  complacer a la partera, contrario al deseo de su madre Celeste, Pelé se convertiría en “El rey del futbol”. Y por coincidencia, Roberto Carlos, su compatriota y amigo, nacido seis meses después, no fue futbolista porque en un accidente perdió una pierna, pero al demostrar su talento artístico fue igualmente coronado como el “Rey de la música latina”. Estos son goles que la Providencia o el trabajo con esfuerzo y persistencia, suelen convertir en leyenda.

“La infancia”: un cuento

“Javier es un inteligente jovencito cuyos juicios tienen la madurez de un adulto, sin dejar de ser un niño de 11 años de edad, al que la fortuna de sus padres le sonríe como el rayo que ilumina su rubio rostro. Sus progenitores son ricos empresarios  brasileños, dedicados al negocio de pieles. He sabido que los niños, regularmente, están rodeados de temores, como la soledad y la oscuridad. Pero resulta extraño que Javier sienta fobia a ser pobre. –Tiemblo con sólo imaginar que no tenga que comer, o al pensar que esa maltrecha casucha de aquel cerro, pueda ser mi casa. A veces sueño con eso y despierto con pesadilla. -Dice Javier con semblante de pánico…”

Lo expresado por Javier, es el inicio de un cuento que pretendo publicar. Sin embargo, la vida temprana del pequeño Pelé pudiera ser una pesadilla real, si no hubiese nacido con una fortaleza individual y única como su huella digital. Probablemente, entre las decenas de millones de niños existentes en su Brasil y en otros países, ninguno pueda desde el comienzo de su vida racional, poner su mente en una sola dirección y en vía de su voluntad. Y este objetivo no es inicialmente dejar atrás su evidente pobreza: “quien nace sin un pan debajo del brazo no le teme al hambre”, expresa el niño Pelé, contrario al pánico de Javier, el protagonista de mi cuento inédito.

La niñez, es como un armario, en que se guardan dulces y amargos recuerdos. ¿Quién, cuando infante, no se imaginó piloteando un avión, en esas carreras que apasionaban al verlas en la televisión? El pequeño Pelé es uno de los que pensó, “cuando sea grande quiero ser piloto”. Lo que nunca le pasó por la cabeza, fue que cerca de su casa se iba a estrellar una avioneta, muriendo todos los tripulantes.

Aquellos cadáveres calcinados cual carbón, marcaron la mente del jovencito, quien llegó a decir: “jamás pudiera conducir un avión. ¡Ay qué miedo!”. Otro recuerdo de la infancia que dejó huella en su vida fue el hecho de que, nunca pudieron comprarle una pelota de futbol, porque, “el dinero del hogar no se malgasta en juegos ni disparates”. Repetía con pique su madre, la cual insistía en que, “había de hacerse de una profesión y no perder el tiempo practicando ese deporte en el que nunca se ven los beneficios”.

Quizás por eso, Pelé tenía que mentir e irse a jugar a escondidas de su madre y exponerse, como en muchas ocasiones, a una “pela”. “¡Mira bendito muchacho, cuántas veces te he dicho que tienes que ponerte a hacer las tareas antes de jugar!”. Sin embargo, doña Celeste encontró un fértil huerto en su hijo mayor y en él pudo sembrar valores, y buenos consejos que fueron una base fundamental en la formación de Pelé.

Mientras su padre João Adames do Nascimento, un hombre de 32 años de edad en ese momento, vio en Pelé la oportunidad de hacer lo que él no pudo en el futbol, puesto que esta disciplina se constituyó en el sueño que João no logró  materializar convirtiéndose en jugador famoso. Era visible que entre su hijo y él, el grado de semejanza física resultaba increíble, prácticamente tenían los mismos rasgos. “¡Mijo, tú eres igualito a mí!, ni que yo fuera a negarte!” Su padre al mirarlo sentía que él había empequeñecido o que su memoria lo retrocedía a su niñez.

Pelé era algo más que su hijo mayor, constituía su oportunidad de salir de la pobreza extrema y por eso el muchacho se convirtió en la única salida de lo que parecía “un camino sin salida”. Las primeras lecciones y entrenamientos de futbol las recibe Pelé de su padre, quien apreció condiciones sobrenaturales en su hijo, el cual no solamente lo sorprendía con jugadas maestras, sino que lo llevaban a pensar, “¿cómo era posible que un niño de esa edad pudiera asimilar y superar todas las lecciones?”.

“Pelé me discutía, imponía su criterio diciendo que, “él no estaba de acuerdo de hacer esto y aquello con el balón”. Y a esa edad impuso su propio estilo de jugar futbol”. Su padre estaba seguro que, “el muchacho nació hecho todo un maestro del balompié”. No obstante, doña Celeste insistía en que, “su hijo estaba perdiendo su tiempo al creer que dándoles patadas a la pelota se iba a ser rico. ¡Vaya usted a ver!”.

Una niñez con “Determinación Vital”

¿Qué hay en la mente del pequeño Pelé? Quien de él escribe, comete el atrevimiento de interpretar su pensamiento. No obstante, uno se puede imaginar, por tres palabras salidas de sus labios que, un fuerte torbellino orbita su cabeza: “Seré algo grande”, le dijo a su papá en una de las prácticas de futbol. Quienes en profundidad han tratado a este muchacho inquieto, pero sereno, reconocen que esto (“Seré algo grande”), no significa en boca de Pelé que podrá ser buen médico, ingeniero, abogado, futbolista o cualquiera otra actividad  profesional.

No. Pelé pudiera estar mentalmente predeterminado, o inclinado, (para los que no creen en lo primero),  a lograr la mayor altura en un quehacer. Su vista se inclina hacia arriba, mira a la bóveda celeste para lograr su “determinación vital”. Que lo obliga a ahorrar energía para el gran salto al triunfo.

Determinar es decidir, hacer que las cosas sucedan, despejar la incertidumbre al indicar con claridad y exactitud lo que queremos (meta) y comprometer la palabra al obligarnos a cumplir lo establecido. Lo vital es lo relativo a la vida, pero de gran trascendencia para poder decir´, “he vivido”, que no es lo mismo de “he estado vivo”. Aquel que no realiza buenas acciones y es totalmente olvidado, solo tiene el mérito de haber pasado por la Tierra como los árboles y las piedras. El que no deja huellas, es como si nunca existiera, solo será polvo o ceniza desvanecida sin esfuerzo por el viento.

Es bueno que los lectores tengan claro este concepto y lo cuelguen en un cartel en las paredes de su hogar: “Sin determinación vital en los proyectos personales, no se alcanzan los objetivos esenciales de la existencia. Resumidos en esas tres palabras dichas por Pelé cuando era niño: “Seré algo grande”. El cartel debe ser leído cada día al levantarnos y repetir en alta voz esta expresión y le agregamos al final la frase: “Con la gracia de Dios”. Sin olvidar que para Pelé y para todos los esforzados, las alas del éxito alzan vuelo con el trabajo cotidiano, sin el cual mueren los sueños.

La Determinación Vital es un impulso, un combustible que ponemos en el tanque del vehículo para recorrer los caminos de la vida, pero que no se piensa en eso de “Seré algo grande”. Uno debe sentirlo en la sangre, creérselo, pero no imaginar eso a cada instante. Es como la leve mentira del amor: “no sé si te quiero, aunque lo siento”. A veces, para salir del paso decimos mentiras piadosas: “¿Cuándo se dio cuenta de que sería grande en el fútbol? Nunca imaginé que sería uno de los grandes. Se lo juro”. Expresó Pelé con ingenuidad infantil al ser entrevistado.

Volviendo atrás, para Pelé, “lograr la mayor altura no es a nivel local o nacional. “No. Mil veces no”, dirá el mozalbete Pelé. Su mayor altura es a nivel mundial. Esto que parece otro de mis cuentos es una sólida realidad. ¿Qué significa esto? implica que si por ejemplo, a Pelé no le gustara el futbol y se dedicara a la música, pudiera colocarse cerca de dos que están en la inalcanzable cúspide: Mozart y Beethoven. Del mismo modo, si eligiera ser militar, Alejandro Magno y Napoleón  serían su casi imposible objetivo. Ojalá Pelé no escoja la maldad, ¡Dios lo libre!, porque se aproximaría, en sus atrocidades, si mira hacia atrás, a Calígula, Nerón, Hitler o Mussolini. O si tira su vista hacia el futuro, estaría muy al nivel de cualquiera de los grandes de la tecnología como Bill Gates, Steve Jobs, Jeff Benzos o Marc Zuckerberg. Es evidente, que la mente, por suerte o por desgracia, es la brújula de nuestras acciones o el GPS, de la determinación vital.

Por eso, nadie debió sorprenderse cuando con sus pies descalzos  lo vio patear aquella bola de trapos, jugando futbol con sus amiguitos en un patio de su vecindario. Lo pudo hacer como un profesional, porque a lo mejor figuró el globo terráqueo en la pelota que él pudo impactar con todas sus fuerzas. Pelé entendió temprano el rumbo de su viaje y llenó su mente del más potente de todos los carburantes: la ambición, pero la ambición a lo más elevado del planeta. Fuera de esa meta, él prefería seguir siendo lo que era entonces: un simple limpiabotas.

El limpiabotas

¿Limpiabotas? Sí, limpiabotas. Un oficio que siembra dignidad y orgullo a los niños y adolescentes, cuando se realiza con el propósito de contribuir con la escasa economía del hogar. Se llega al núcleo familiar con una sonrisa, con más brillo que los calzados lustrados por ellos. Un ejemplo, es el de “Pelé el limpiabotas”: -¡Mamá Celeste, mira cuánto dinero hice con mi limpiabotas! –Dice a su progenitora, que con lágrimas encarceladas y con la voz del aprecio, expresa: -¡Gracias mijo! Mientras Pelé añade: –Mamá, te informo que solo gaste “alguito” para comprar un helado y un lápiz que me hace falta en la escuela. –En este momento, los húmedos ojos de Celeste, pusieron en libertad las lágrimas, que rodaron por sus mejillas maternales.

La tez del limpiabotas es negra, haría pensar que nació para ser boxeador como muchos niños del barrio, que suelen subir al ring o jugar futbol. Al mirar a quien se gana el sustento con un cepillo de dar brillo a mano, se descubre que tiene la frente en forma rectangular, es amplia como un estadio de futbol en miniatura. Los ojos, de quien con toques sobre su caja de lustrar te dice, “ya acabé”, son vivos con pestañas pequeñas que no interrumpan la mirada durante un juego.

Su inmensa sonrisa de campo abierto, parece coleccionar en su blanca dentadura, los goles fundamentales que pudiera anotar en el sueño de participar en una Copa Mundial. Su boca, sólo expresa silencio. Nació para escuchar más y hablar menos. Desde luego que son grades sus orejas.  Los brazos, tórax y piernas del limpiabotas, semejan la de los antiguos soldados espartanos preparados desde niños en el gimnasio para participar en grandes batallas, con la diferencia de que en el cuerpo del pequeño limpiabotas, no hay escudo en su pecho ni ninguna otra armadura que no sea, su resolución, ya tomada, de ser “un rey del imperio del futbol”.

El Pelé para el futuro sabe que, como los gladiadores espartanos que se refieren en su escuela, en la clase de historia, su lucha no será en contra de Atenas, sino de cualquier país del mundo que elija un estadio de futbol para la lucha. El limpiabotas Pelé nació para pe-lear en el deporte del balón con la punta del pie. Mientras tanto, Pelé seguía soñando y pregonando su oficio en las calles de Tres Corazones: ¡Limpiabotas, limpiabotas!…,

¿Brasil, nación o “pasión: Estado o “estadio”?

En la era de los descubrimientos, por el año de 1497, el portugués Vasco de Gama y otros navegantes, visualizaron al sur de América, un inmenso territorio desconocido por ellos. Mientras tres años después, el 22 de abril de 1500, la flota del también portugués Pedro Alvares Cabral, observó en esas tierras, una madera que ponía rojo el agua, parecía un carbón encendido, le llamó “palo de brasa” o de brasil. Si nos detenemos a pensar un poco, bien pudo bautizarlo como “pasión”, porque el color rojo representa esa cualidad, y Brasil se hubiese llamado “Pasión”.

Sin embargo, es enigmático el hecho de que, lo no realizado por el legendario navegante, se materializara cinco siglos después, por la llegada de Inglaterra del futbol a suelo carioca (1898). Desde entonces, el deporte diseminado como un virus en la población, convirtió a Brasil en algo más que una nación, en “una pasión por el futbol”. Y dado que el juego se practicaba con entusiasmo por toda la gente en aldeas, pueblos, ciudades, calles, playas, parques y donde quiera que existiera un espacio libre, y por supuesto en estadios, Brasil se transformó más que en un Estado, en un estadio de futbol.

Ciertamente, que en Europa, donde nace el futbol, este deporte no se popularizó tanto como en Sudamérica, donde en cada uno de los países, y en especial en Brasil, tomó sudor, polvo, sucio, mal olor doméstico y callejero. Es evidente que el balompié en Brasil se hizo pueblo como la samba. Quizás, este país que tiene el mérito de haber ganado más Copas Mundiales de Futbol, ha hecho de este juego, una especia de epidemia, que contagia a los niños desde que pueden darle a cualquier pelota con sus pies o su cabeza.

En los sectores populares, hicieron del futbol su principal entretenimiento y la competencia habitual entre municipios, estados y países. El balompié fue una positiva pandemia deportiva, que en cada campeonato, mantenía a la población en cuarentena, en espera de los resultados finales del juego. Probablemente, en la época en que Pelé crecía, el futbol en Brasil era un deporte que se heredaba, que al nacer se llevaba en la sangre y en la carne.

Capital es capital

En la comunidad pesebre de Pelé, “Tres Corazones”, como en otros municipios pequeños, sobran buenos recuerdos, nostalgias y añoranzas, pero faltan las oportunidades de trabajo, como abundan las personas honestas. Mas, el dinero es escaso, cual lluvia en cuaresma. “Capital es capital”, cantan los copleros con su guitarra al cinto y su botella de ron cuando las manos dejan las cuerdas. Las grandes urbes se convierten en imán y por eso la gente tiende a emigrar a ellas.

La familia de Edson Arantes do Nascimento, no fue la excepción, se marchó a Bauru, municipio del estado de São Paulo, la ciudad más poblada de Brasil, cuyo equipo de futbol era la meta secreta de su padre, quien había jugado para el conjunto, pero una lesión le hizo retirar, pese a sus excelentes condiciones y de tener el imbatible récord de dar cinco goles con su cabeza en un partido.

Dondinho, como ex futbolista, captó en su hijo condiciones, fuera de lo normal en el balompié. No tenía la menor duda de que Pelé era una súper estrella. El adolescente emigrante celebró sus 15 años con la buena noticia de haber pasado la prueba inicial en la práctica del famoso equipo profesional de futbol Santos, de San Paulo.

Avanzaban los meses del año de 1956, Dondinho logró que su vástago fichara para la prestigiosa liga y en cada partido Pelé reflejaba una calidad como jugador que impresionaba. Ya cumplidos los 17 años, era esperado en el conjunto Selección Nacional de Brasil, que preparaba maletas para la Copa Mundial de futbol a celebrarse en Suecia en 1958.

Pero sin dejar de reconocer su talento, eso era un sueño imposible para Pelé, quien había recibido una lesión en una de sus rodillas. ¡Ah dicha!, lotería del destino en pies de quienes su talento es su único boleto. Pelé resultó premiado, fue incluido en el equipo, pero como sustituto, por si alguien fallaba.

Lágrimas universales: Mundial de Futbol Suecia de 1958

Desde su llegada a Suecia nadie fijó la atención en Pelé. Algunos pensaron que este “muchacho” era el hijo de un jugador y le acompañaba. Incluso, todavía con el uniforme número 10, verde y amarillo puesto, al lado de los fuertes y altos futbolistas rusos y alemanes, probablemente ellos pensarían que el jovencito podía ser una “mascota” para animar los encuentros.

No era una mascota, Pelé se aproximaba a convertirse en un símbolo hecho persona. La historia está pendiente de empezar… Este adolescente es el de menor edad en el Mundial, no obstante ya se valora que sus goles iniciales han sido claves para que Brasil llegara al esperado final contra el equipo sede, Suecia. Ya la crónica comienza a escribirse en este juego memorable. Los nervios de los suecos se destruyen cuando Pelé tiene el dominio del balón, su cañonazo resulta indetenible. La narración grita goool para Pelé. En Brasil un país completo repite goooool, la nación se estremece en una sola emoción.

Los apasionados del futbol confirman que Brasil no es una nación sino una “pasión”. Los fanáticos de otros países, sorprendidos con los movimientos de piernas y la técnica del joven brasileño, pueden pensar que, “el Pelé” es una especie de máquina inventada para jugar futbol. Los aficionados del mundo no lo creen, este joven está  convirtiendo el partido en un carnaval de emociones. Tan grandes como la victoria final 5-2: ¡Brasil campeón del mundo! Ha sido el grito de cerca de 200 millones de personas en el planeta. Los jugadores saltan lo más alto que pueden, se destapan las botellas de champañas de celebración y la exaltación al más valioso del mundial.

Extrañamente, el jovencito de 17 años, llora desconsolado entre los abrazos de felicitación. Su país logra ganar la Copa Mundial por primera vez, no como en el año de 1950 que la perdió en su propio espacio frente a Uruguay, y que fue motivo de una escena inolvidable para Pelé. Aquel día, el limpiabotas regresaba a su casa después de una amplia jornada, al abrir la puerta escuchó fuertes gritos y unos cuantos golpes sobre la mesa central de la pequeña sala.

El radio estaba encendido con el volumen bajo, mientras Dondinho lloraba. -¿Papá qué te pasa?, –dijo el niño. Su padre responde, el llamado: “qué perdimos el mundial”. El limpiabotas de 10 años, como forma de consolarlo le expresa inocentemente: -No te preocupes papá que yo voy a ganar un mundial para ti.

¡Oh rayo invisible de “La Determinación vital”, la fuerza de tu potencial energía, expresada en este torrencial de lágrimas entre hijo y padre, ha hecho posible este milagro. …De regreso a las escenas del mundial, hay momentos en que la historia se comprime como si todas las aguas de un océano pudieran caber en un frasco de medicina. Esos minutos, a veces segundos, resultan extremadamente grandiosos. Como aquella vez que Miguel Ángel, mirando su decoración de la bóveda de la capilla Sixtina, obra de arte sin precedentes, dijo con su vista levantada, ¡he terminado!  O cuando Albert Einstein resumió en una fórmula E=mc², toda una teoría que transformaría la ciencia. La historia de la humanidad puede caber en un instante, como la del futbol en un segundo.

Ahora, que frente a mi pantalla veo estas imágenes del mundial de 1958, narrada por mí en presente, me interrogo, como el fiscal de mi conciencia: ¿Cómo poder explicar sin dejarse llevar por la emoción, que en esta ceremonia final del mundial, el Rey de Suecia desciende hasta el terreno para estrechar la mano de un joven que siete años antes era totalmente ignorado, no solamente en Brasil, sino en todo el mundo?

El limpiabotas,  muchas veces en temporadas  lluviosas, retornaba a su hogar sin lustrar ningún par de zapatos. Pero por qué interrumpir este momento con recuerdos amargos. Ahora, el Rey camina con pasos lentos y ya frente al equipo de Brasil, sus ojos se clavaban en el más joven del conjunto, y con una sonrisa de satisfacción y un abrazo fuerte, felicita a Edson Talento de Nacimiento. Y no digo “Pelé el limpiabotas”, para no quitarle grandeza protocolar a este pequeño gigante que, resume todo su esfuerzo en este gesto de su majestad el Rey de Suecia. Esta manifestación afectiva tiene un inmenso valor, porque ha  convertido hace apenas segundos, al antiguo limpiabotas, en uno de mis “Personajes Universales”.

Quien esto escribe se ve obligado a interrumpir esta narración porque en verdad no puedo contener mis lágrimas… Pincho mi emoción como quien con un alfiler hace explotar un globo. Solo una exclamación me equilibra: ¡Dios mío!, Hágase tu voluntad y ayúdame a seguir… Pues bien, debo pensar en aquellos que están presentes en el estadio y en los millones que ven la transmisión por televisión y me atrevo a proclamar que, ¡nunca antes en un acto deportivo se ha vivido una escena como esta, en la que también de emoción, descienden lágrimas como los bloques de hielo de un glacial que se vuelven agua rodante abruptamente! Es momento de caminar hasta la pared donde está nuestro cartel de “La Determinación Vital”,  y con fuerza gritar: ¡Seré algo grande!

El futbol toma otro rumbo

“¿Qué cambió en el fútbol mundial tras Suecia 1958? La aparición de un futbolista como Pelé fue tan impactante que este deporte ya nunca fue igual. Porque nadie esperaba que este adolescente se convirtiera en el principal responsable del título de Brasil. Edson Arantes do Nascimento fue mucho más que el mejor jugador de la Copa Mundial de Futbol. Fue el hombre que revolucionó el juego. En Suecia Pelé inauguró una nueva clase de futbolista: aquel que es capaz de ganar partidos sólo por su talento.

Pelé fue el primer jugador que con su presencia podía eclipsar a cualquier adversario. Y eso quedó claro desde su debut mundialista. Logró que todo su equipo girara en torno a él, que en algunos momentos un deporte colectivo se transformara en individual. Porque demostró un talento inconmensurable que rompió todas las barreras de lo conocido. Sin embargo, eso no es lo único que lo convierte en el mejor futbolista de la Copa del Mundo 1958, sino su aura de grandeza. Pelé fue un elegido, eso se notó en Suecia desde el primer minuto de juego. Le dio a Brasil su primer Mundial y al fútbol todo un nuevo héroe.

Durante casi tres décadas (1956-1974), los seguidores del futbol a nivel local, regional, nacional y mundial, tuvieron el privilegio de apreciar cómo nacía un dios ante sus ojos, por sus extraordinarias y fascinantes jugadas. Muchos sintieron en vivo desde el estadio, o viéndolo por la pantalla, que aquel ser humano estaba tocado por fragancias sobrenaturales.

Dicen quienes lo vieron, “que hacía milagros con el balón”. Pese que el ídolo de multitudes con humildad expresó: “Pelé es un hijo de Dios que él puso en la Tierra y me pidió que le cuidara”. No obstante, millones tienen un recuerdo de este jugador incomparable, valorado por un tercio del planeta, como “el mejor de todos los tiempos”, y que no dudan en considerar que, las huellas dejadas por Pelé en el futbol, son propias de una leyenda. 

¿Pelé es el mejor futbolista de la historia?

Algunos entienden que las estrategias del futbol son propias de una ciencia, que analiza los movimientos de unos jugadores que deben tener mucha energía y gran concentración, pues las decisiones, en su mayoría hay que tomarla corriendo sobre el terreno. Las cualidades para ser apto en este deporte son excepcionales. Un partido de futbol nos puede parecer al verlo, una envolvente lucha entre dos ejércitos que combaten por el poderío de un balón para anotar un gol. Cada fanático lleva sus tácticas en la cabeza, en pocas palabras, hace su juego y termina, sin darse cuenta, cubierto por la magia hipnotizadora del futbol.

En este epígrafe se recogen  opiniones técnicas y de ex jugadores de prestigio, sobre el tema. Se ponen en la mesa los nombres de quienes son considerados los mejores del futbol: Diego Maradona, Lionel Messi, Cristino Ronaldo, Johan Cruyff  y Nichel Platini. Los expertos entienden que de todos ellos el mejor es el argentino Diego Maradona. Comparamos sus números con los de Pelé. PELÉ: partidos jugados 1,363, goles marcados 1,281, goles para su selección 77, mundiales ganados 3. MARADONA: partidos jugados 678, goles marcados 426, goles para su selección 33, mundiales ganados1.

Entre las cualidades de Pelé,  apreciadas como jugador, se destacan entre otras: el dominio del balón aéreo. “Para comprender hay que estudiar detenidamente uno de los goles que hizo cuando jugaba para el equipo Santos. Pelé calcula con increíble precisión, el momento exacto para saltar y para pegarle al balón en el punto más alto le da con la cabeza. Eso hace que gane altura, no solo sobre los defensores, sino también sobre el arquero. Su físico era  sorprendente, saltaba y se elevaba en el aire. Sus saltos eran acrobáticos.

En otro aspecto, tenía una gran coordinación y se movía en el momento exacto. Pelé era mucho mejor finalizador con la cabeza,  porque su impulso era muy fuerte. Pelé era el futbolista perfecto, igualmente fuerte con ambos pies, rápido y potente, agilidad y equilibrio extraordinario, junto con su gran movilidad. Aunque era delantero podía jugar cualquier posición en el equipo, de acuerdo con su entrenador.

Técnicamente era superior en el campo a todos y podía hacer cualquier cosa con el balón. Tenía una extremada comprensión del juego. La capacidad de hacer lo correcto a cada momento, reconocía instructivamente los movimientos de su oponente, y siempre estaba un paso por delante de ellos. Tenía un olfato de gol increíble, dominaba el juego de manera perfecta e impecable”.

Franz Beckenbauerex jugador alemán: “Pelé es el mejor jugador de todos los tiempos, dominó el futbol por más de 20 años. Todos los demás como Diego Maradona, Johan Cruyff o Nichel Platini, vienen detrás de él. No hay nadie comparable a Pelé”.

Alturo di Stéfano,  futbolista argentino, fallecido en 2014: “¿el mejor jugador de todos los tiempos? creo que Messi, y Ronaldo, son grandes, con habilidades extraordinarias, pero Pelé fue el mejor”.

Ferenc Puskásjugador húngaro, falleció en 2006: “Me niego a comparar a Pelé con otros jugadores, Pelé era algo más que un jugador, él está por encima de todos”. Las estrellas de su tiempo que jugaban con él lo respetaban y entendían que Pelé era el mejor futbolista de todos los tiempos. 

VIENA.- El brasileño Edson Arantes do Nascimento, mundialmente conocido como Pelé, ha sido elegido mejor futbolista del siglo por un jurado internacional, que ha concedido un total de 11 galardones para diferentes categorías deportivas en el edificio de la Opera de Viena.

FUENTE: https://almomento.net

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