Opinión

Un testimonio penoso y lo que aspiro para mis nietas y nietos

3.-  En el permanente contacto con chiquillos y personas ya maduras,  no me limito a observarlas pura y simplemente, sino que me  detengo a percatarme de cómo se comportan,  los términos que utilizan en su lenguaje; la actitud en sus  relaciones mutuas; el trato con    las demás personas;  la forma de vestir; sus opiniones en torno a la situación política y los problemas nacionales e internacionales.

4.-En particular, me preocupa en grado  sumo lo que percibo en el comportamiento de las niñas y niños que a diario se mueven  por mi lugar de trabajo; advierto que  el sistema educativo y  el control  de  algunos padres está fallando; me resulta penosa   la forma como procede  ese material humano que está en el primer período de la vida humana.

5.- En este escrito expongo la  realidad    que vivo a diario y me llama  a preocupación. No me lo han contado,  es la expresión  de lo que he captado y comprobado en la realidad;  quisiera que lo que estoy escribiendo en el orden  educativo no sea lo común, sino una particularidad; que lo que en forma permanente   veo y escucho sea la excepción, no la regularidad; que de lo que soy testigo permanente  no sea  la normalidad.

6- Escucho a niñas y niños,  cuando me pasan por el lado, en dirección a su escuela, y  los temas que tratan  resultan chocantes, desprovistos de contenido útil; hacen mención a hechos sin importancia e intrascendentes para el ser humano. La inutilidad de   los asuntos que abordan  evidencia la ausencia de formación  escolar para en el futuro ser personas que aporten, y no sean infecundos.

7.- Me genera pena ver a niños  y niñas    que se preocupan muy poco, o nada, por exhibir un comportamiento  propio de futuros ciudadanos educados para servir de modelo;  con una conciencia elevada del honor; con objetivos para una concepción  nueva de la vida y el mundo; con la  idea fija de servir de ejemplo  por tener  hábitos y actitudes  nobles, conducta ejemplar.

 

8.- De lo que  soy testigo constante, de  la forma de proceder  de niñas y niños que a diario se mueven  por el lugar donde permanezco ocho y hasta diez horas al día,  no quisiera que ocurriera  igual  con mis nietas y nietos, los cuales espero  se estén desarrollando con la diversidad de ideas y principios que elevan al ser humano; que sean capacitados para servir con sentido humano y creatividad a la sociedad en general.

9.- Las niñas estudiantes,  al parecer,  salen de sus hogares, no para la escuela; sino para una pachanga; se exhiben debidamente decoradas; en su cuerpo llevan adornos de todas clases; sus caritas están  pintadas con maquillajes de diferentes colores. En sí, parecen escenografías en movimiento.

10.- En su desenfrenado comportamiento los niños y niñas  que a diario pasan por mi oficina en dirección a sus escuelas, no conocen lo que es el respeto y la amabilidad. Las veces que se  les llama  al buen proceder, lo que sale de sus  bocas  son insultos, su lenguaje es soez, chocarrero  y sumamente bajo; hacen uso de  palabras   agraviantes e hirientes;  procuran  descargar sus afrentosas calificaciones para ofender  a quien sea.

11.- Al momento de abandonar sus respectivos centros escolares, las niñas y niños a  los cuales me refiero, lo  hacen  en forma bulliciosa; el escándalo que producen es insoportable; quieren llevarse el mundo por  delante;  lo que se ve en movimiento no  parecen seres humanos, sino algo así como una  tromba, un torbellino, más o menos un tifón.

12.- Cuantas veces veo a esa niñez estudiantil convertida en una afrenta social, sólo me limito a recordar la falta que hacen profesoras y directoras  de la talla, la autoridad, el don de respeto y disciplina de Blanca Mascaro, Ana Pepín de Gómez, Tàta Iglesias,  Fela Santaella,  que en  conjunto, en su  momento,  simbolizaron el educar con decencia, instruir con altura y formar para que el país contara  en el  futuro con ciudadanos y ciudadanas ejemplares.

 

 II.- La formación que quisiera de mis nietas y nietos.

13.- Me sentiría bien como abuelo si mis nietas y nietos aprendieran a distinguir de qué lado está lo justo, lo recto y lo virtuoso, y dónde la  verdad, lo ilegitimo y dudoso; que los subterfugios ideológicos no les lleven  a ocultar la realidad de las cosas; que la falacia no les motive a desconocer la verdad  por conveniencia. Que se edifiquen en el sentido de que    la hidalguía resulta de actuar con sentido social,  y que lo demás es pura  mezquindad.

14.-  Quiero  que mis nietas y nietos se formen para servirles a los  demás, impregnados de conocimientos que descansen  en valores sociales; con la noción  de que se han preparado para serles   útiles   a su pueblo y a toda la humanidad, y  convencidos de que la  grandeza de ellos estará en su recto proceder, en su actitud ante la vida.

15.- Mi aspiración es que mis nietas y nietos asimilen bien lo que estudian, y la  enseñanza que les imparten;  que abracen  ideas  que les harán  personas de bien, con un comportamiento que sirva de ejemplo de lo  que debe  ser el ciudadano o la ciudadana que crea en el colectivismo; que retengan conceptos de fraternidad y hermandad entre las personas; y rechacen el fatalismo  y confíen  en el optimismo; aprender de los triunfos y también de los reveses.

16.-  No quisiera que mis nietas y nietos se eduquen en el individualismo,  que conduce directamente al egoísmo; que sepan que  una persona que vive sólo para sí, carece de valor como ser humano;  que  está desprovista de eficacia. Es algo ultrajante para la sociedad un despreocupado que piensa para sí y no para la colectividad.

17.- Es mi deseo que los padres y las madres de mis nietas y nietos  permanezcan vigilantes para que comprueben si  sus vástagos  están siendo educados para reconocer y defender los derechos de los otros, con  el mismo vigor que  los propios, sin distinción de sexo, color, raza, religión, inclinación sexual  o nacionalidad; y que están siendo formados para subordinar los derechos generales a los particulares.

18.-  Lo que cada día estoy presenciando en el caso de  estudiantes imberbes, no quiero pensar que pueda ocurrir con mis nietas y nietos, cuyos padres deben saber que la mayor epopeya de ellos será vigilar la educación de sus descendientes; preocuparse para que se formen  con el espíritu inclinado al trabajo y el honor, que  es lo  que ha de enriquecer para siempre su vida y será su mejor legado; inculcarles la firme  convicción a los fines de que no se  amilanen por nada, y que piensen que si la resistencia   física tiene un límite que es la muerte, la resistencia moral no la vence nadie.

19.- No podemos seguir como hasta ahora a nivel educativo. A las niñas y niños  hay que explicarles, por ejemplo, la falsa  idea de la preeminencia del caudillo, del hombre providencial;  hay que hacerle saber a nuestras  nietas y nietos que la historia no la hace un hombre milagroso, sino las masas populares acorde con los acontecimientos, y que  la voluntad  casual  no tiene nada que  ver con  la lucha social y política de los pueblos.

20.- Por el hecho de que la sociedad en que  estamos viviendo está averiada, no podemos permitir que nuestras nietas y nietos sean educados sin sentido de  lo que debe ser el hombre y la mujer del mañana, con  una formación dirigida a  abrazar valores que los hagan merecedores por su ejemplo de buen  proceder, acreedores de la  consideración  de la sociedad  por su limpio accionar en la vida privada,  familiar y pública.

21.- El irrespeto que observo  en las niñas y niños que están a mi vista todas las mañanas y las tardes, no lo quiero  ver  ni por asomo  en uno  cualquiera  de mis nietas y nietos. El mejor regalo que puedo  recibir como abuelo es  que mis nietas y nietos se formen  con un carácter humanitario,  demostrado en el accionar diario  en el trato con los demás; quiero ver en ellos  calidez hacia todo ser humano que traten; que demuestren entusiasmo en lo que hacen, absoluta  vehemencia para llevar  alegría a quien precisa de ella; quitar  de su mente todo aquello que daña, pervierte y quebranta la vida sana en sociedad. Que sepan que actuar de forma correcta sirve para demostrar que el buen ejemplo es una fuerza moral.

 

III.-  Mis reflexiones finales.

a.- La realidad está demostrando que en un ordenamiento social y económico como el que predomina hoy en nuestro  país, no bastan los recursos económicos invertidos en el área de la  educación  para    formar   hombres y mujeres con calidad humana; que rechacen la tendencia al aislamiento, para no caer en el egoísmo y la falsa superioridad.

b.- Las niñas y niños que a diario veo actuar en forma que desdice mucho de una buena  formación  en el hogar y en la escuela, son víctimas del  medio social en el cual  viven;  son la expresión  de una sociedad en descomposición  y que cada día se agrieta más. Lo que pinta  la realidad dominicana es un cuadro feo, y lo que ocurre con la enseñanza sirve para comprender que vamos `por mal camino, por una ruta equivocada.

c.-  Los padres y  los maestros cumplen  con su deber como formadores de los futuros ciudadanos y ciudadanas, si comprenden  la complejidad  y diversidad de los fenómenos que se presentan  en la vida a nivel  educativo, y que el periodo de sólida formación  comprende un conjunto  de procesos que han  de abordar en conjunto y  no en forma particular,  con el fin  de inducir  a las niñas y niños a asimilar las buenas costumbres, los mensajes que se les dirijan para que sean en el mañana hombres y mujeres de  bien,  formados para vivir en una sociedad de personas libres, dignas y decentes.

d.- El Estado dominicano  ha perdido el sentido de responsabilidad en la formación integral;   está desconociendo que el desarrollo de la conciencia social de las niñas y niños es vital, porque es necesario  para el avance progresivo de su apoyo a los deberes como ciudadanos y ciudadanas del futuro, como miembros de la sociedad.

e.- El hecho del  Estado no ocuparse de la  educación y formación de nuestras niñas y niños, ha fomentado en el seno de nuestro pueblo la claudicación  y la concesión  en los principios; el estímulo del lambonismo y la práctica del oportunismo; el freno a la combatividad y la motivación  al arribismo;  la santificación  de la discriminación  por  el calor de la piel, la edad o la inclinación sexual; y  que el fenómeno de la corrupción se haya convertido en una institución.

f.- Las niñas y niños que me motivan a  escribir este trabajo no están  perdidos;  se pueden salvar si cambia la forma como se están desarrollando, aunque para lograr una modificación en su conducta se impone un cambio del modelo económico predominante.

g.- La dinámica de la sociedad dominicana revela que, al parecer,   la formación  de la niñez no es una prioridad estatal;  que es lo mismo un alfabetizado pleno y un analfabeto funcional,  y  que la mala conducta,  el negativo comportamiento que exhiben las niñas y los niños estudiantes es coyuntural, no sistémico.

h.- Resulta penoso que en un medio social supuestamente civilizado como el nuestro,  se acepte con  tranquilidad,  como algo muy natural, que  una niña o niño  se forme con  el individualismo y el egoísmo;  que sean indiferentes por la suerte de los demás; que no tomen  en cuenta la capacidad, la falta de escrúpulos y el robo  de los fondos públicos, y vean  como   simple  mercancía los valores, las virtudes que adornan  al ser humano,  y  se impulsa a ignorar las reglas éticas y la armoniosa vida con las demás personas.

i.- En nuestro país debemos de estar convencidos que la educación depende de la transformación social para  hacer posible un  acercamiento entre las  condiciones y necesidades de la vida social. La educación no constituye un elemento de igualdad social, sino, por el contrario, un factor de  jerarquía social.

j.- Cada uno de los niños y las niñas que transitan todas las mañanas y las tardes frente a mi oficina,  es la expresión de la realidad de nuestro país en el sentido de que la formal igualdad política de todas las dominicanas y dominicanos se convierte en algo ilusorio a causa de las reales desigualdades sociales y se manifiesta en la enseñanza. Es pura  ilusión creer que las mejoras de la enseñanza general constituye una prueba del punto  de partida humanista del sistema.

FUENTE: https://redaccionrd.com

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