Opinión

Cuál es la filosofía: se le sirve al pueblo, o este está al servicio de tus intereses?

POR Alexander Pérez

El presidente Danilo Medina hace pocos días dirigió un discurso a la nación en el que abandonaba sus gestiones para propiciar una reforma constitucional que le habilitara para ser candidato presidencial por tercera vez consecutiva en los comicios del próximo año.

En su pieza oratoria Danilo Medina admitió que había explorado la posibilidad de reformar la Constitución con esos fines, pero la realidad se le estrelló en la cara, más del 80% de los ciudadanos se opusieron a una nueva reforma sólo para favorecer sus intereses particulares, no pudo consolidar los votos necesarios para esos cambios y EE.UU. le hizo una seria advertencia, que a cualquiera pone a pensar.

Esas gestiones del gobernante crearon un estado de incertidumbre en la nación que lógicamente afectó la buena marcha de la economía, si observamos que en el primer trimestre del año la demanda agregada tuvo una caída del 7.3% en relación a igual periodo del pasado año y las autoridades monetarias tuvieron que liberal RD$29,209.7 millones del encaje legal para canalizarlos a los sectores productivos, lo que evidencia que hubo una caída estrepitosa de los indicadores.

Muy a  pesar que esos esfuerzos desvanecieron porque el presidente Medina tenía todos los factores en contra, la sociedad dominicana, y hasta el propio Departamento de Estado de EE.UU, valoraron que se haya descontinuado con ese propósito.

Sin embargo, 24 horas después de la alocución del mandatario, los señores Federico –Quique- Antún Batlle y Ramón Rogelio Genao e Hipólito Mejía a los dos días retomaron el tema del asalto a la constitución con el único propósito ahora de eliminar el llamado modelo americano que garantiza una elección y una reelección a quienes sean electos a la Presidencia de la República, para que el presidente Medina pueda volver a ser candidato presidencial y cumplir al parecer su sueño de niño de eternizarse en el poder a partir del 2024, gestiones que esos tres sujetos del circo no plantearan sino estuvieran movidos por millones y millones del erario.

Con esta postura Hipólito Mejía, Quique Antún y Rogelio Genao dejan claro el escaso respeto que tienen por esta sociedad, evidencian el carácter mercurial de su ejercicio político y que son parte del pus que estila el sistema político nacional.

He sido un activista del fortalecimiento de la institucionalidad, no ahora de esta gesta a favor de la consolidación de nuestra constitución y la democracia, sino de siempre; porque creo que la única forma que tienen los pueblos de avanzar y combatir males como la corrupción y otros, es con instituciones fuertes, donde las personas pasen por estas, y no puedan subvertir su autoridad en pro de criterios personalistas o sus intereses de bolsillos.

En los medios de comunicación se siente un fuerte activismo en busca de volver a producir otra reforma como se hizo en el 2015, para beneficiar los intereses políticos particulares del presidente Medina, cosa esta que sería nefasta para la institucionalidad democrática de la nación, y la vida misma del pueblo dominicano, porque se estaría evidenciando lo frágil de nuestro orden jurídico y que no somos confiables para que los inversionistas extranjeros arriesguen sus capitales a esta media isla.

No voy a pecar de ingenuo pidiendo al presidente Medina que deponga esa actitud de volver asaltar la constitución.

No obstante, he de recordar que gobernantes con proyectos políticos del mismo perfil del suyo abandonaron esa carrera por temor a las consecuencias como fueron los casos de Alvaro Uribe en Colombia; Carlos Menen en Argentina y otros.

Pero quienes quebraron la voluntad del pueblo y se impusieron a sangre y fuego pagaron muy cara su osadía, fueron sacados del poder, apresados y desconsiderados, incluyendo a sus propios familiares, como son los casos de Alberto Fujimori, en Perú, Augusto Pinochet, en Chile; Manuel Antonio Noriega en Panamá; y no dudemos que la misma suerte correrá Nicolás Maduro en Venezuela; Daniel Ortega en Nicaragua.

En el mundo de hoy los líderes con vocación democrática deben asumir un compromiso de respeto a las instituciones, a los derechos humanos, con la libertad en todas sus expresiones, a la libre expresión de las ideas, etc.

Hay que entender que ya no hay espacios para aquella filosofía de las mafias siciliana: “has dinero ahora, y preocúpate después por la moral”.

FUENTE: https://almomento.net

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